Como decíamos ayer… Los animales nos miramos a los ojos
Un amigo me intenta picar para que escriba algo en este blog muerto aunque no enterrado. Pobrecito blog mío. Con lo que has sido, y aquí estoy ahora, convirtiéndote en un zombi. Cereeee-bros.
Una cosa en la que últimamente pienso de vez en cuando es en el grado de animalidad del ser humano. O en el grado de humanidad de los animales. Recuerdo una imagen del documental "Tierra" que me impactó mucho. Se trataba de un animal acuático, creo que una ballena jorobada, o tal vez una morsa, que abrazaba a una cría recién nacida. Pese a que no eran animales en absoluto antropomorfos, el abrazo era tierno, cálido. Parecía mucho más humano que cualquiera de los que se puedan ver entre personas.
Creo que el documental cumplió totalmente su objetivo, que no era decir "mira, estos animales a veces parecen personas", sino más bien todo lo contrario: Las personas somos animales. Venidos a más, vale, con algunas capacidades aumentadas, como el pensamiento racional, pero animales al fin y al cabo. No hay nada cualitativo que nos diferencie de ellos: Solo cuantitativo. Los humanos nos comunicamos, como los animales, pero con un grado de complejidad mayor. Podemos ser compasivos o crueles. Buscamos sobrevivir como individuos y como especie. Buscamos divertirnos. Como los animales, pero más y con métodos más complejos.
Y ¿Qué ha sido lo que últimamente me ha hecho pensar en esto? Pues darme cuenta de que mis gatos siempre me miran a los ojos. Si los llamo, lo primero que hacen es mirarme a la cara para ver qué intenciones tengo. Antes de fijarse en mis manos por si llevo algo amenazante como una zapatilla o una ruidosa bolsa de plástico, o una golosina, tratan de predecir mis intenciones mirándome a los ojos. Y extendiendo el pensamiento, todos los animales más complejos que una ameba miran a la cara en primer lugar.
Lo que yo pensaba que era un código humano, en realidad es un código animal. Como tantos otros que comunican entre especies, como enseñar los dientes (agresividad), entrecerrar los ojos (no agresividad), exponer el abdomen (sumisión).
Trato de desterrar de mi pensamiento el antropocentrismo que la tradición católica lleva implantando en nosotros tantos años. Y una buena manera de hacerlo sería no escribiendo este post. No comparando animales con personas. No poniéndolos cada uno a un lado de una línea, porque somos lo mismo, aunque con distinto grado de evolución.
Ya me imagino el primer comentario de cualquiera de mis hermanos… "Tú estás todavía más cerca de los animales que el resto de humanos…"
Siempre me sorprende ver a la gente fuera de su contexto. Y no me refiero, por ejemplo, a la gente de la oficina, ya que ese es un contexto muy amplio, en que una persona puede mostrar múltiples facetas. Me estoy refiriendo a algo tan rígido, como por ejemplo, el autobús.
Es curioso cómo ha cambiado en estos últimos años la percepción de la cantidad de trabajo que realiza o que saca adelante o que acumula una persona. Este tipo de evoluciones son muy fáciles de observar en la Administración, al igual que en las grandes empresas, ya que el cambio en las costumbres es más difícil, y por lo tanto, en una misma sala puedes observar especímenes de todos los estadíos de la evolución estudiada. Desde los más enquistados (con perdón del término) en el pasado hasta los recién caídos.
Es curioso cómo el cuerpo humano tiene la necesidad de estar enfermo. La medicina trabaja para erradicar determinadas patologías, y mientras tanto van surgiendo otras nuevas; en algunos casos por la lógica evolución de los elementos patógenos que las causan, y en otras, por motivos inexplicables, sólo achacables al "excesivo" bienestar que nos rodea. Nuevas enfermedades para nuevos tiempos. Dentro de este orden caen los trastornos alimentarios, que me llaman la atención por su doble origen; psicológico (es la mente la que tiene el problema, que luego sufre el cuerpo), y social, ya que influyen en gran medida los modelos de conducta y de apariencia que nos venden.
Caminaba yo ayer por el Barrio de Salamanca, en busca de una sucursal de banco (en estos tiempos hiperconectados, y teniendo que ir a un banco… ¡qué paciencia!), cuando cacé el siguiente retazo de conversación entre dos señoras cualesquiera, cada cual con más imponente cardado:
Que no es lo mismo que gestión de las emociones. Me refiero a esa forma de gestión que se ve influida por los sentimientos. Por ejemplo, viene el jefe cabreado de casa y zas, te cae una bronca por un trabajo que se está retrasando, aunque ayer estuviera igual de retrasado. Relaciones laborales influidas por el pasado personal de los trabajadores, y sobre todo, por el pasado de las relaciones personales. Motivación apelando a los sentimientos, y utilizándolos como herramienta.


