Esta foto está sacada en el hotel en que he pasado el fin de semana, en Bilbao. Como véis, es un concepto nuevo en transparencia, en este hotel la política debe ser la de no esconder nada a los clientes, ni pitos ni flautas.

La pared del baño era un cristal de mampara. Así que te duchabas en medio de la habitación, o bueno, esa era la sensación que daba, ya véis que el cristal detrás de la tele todavía está con las gotitas de agua. Además, en otros dos lados había un espejo, así que la ducha se convertía en una experiencia estereoscópica de ti mismo.

Que digo yo que si vas con la pareja no pasa nada (bueno, o pasa menos, porque no deja de ser raro), pero en este caso no era así, íbamos doce recios amigos a celebrar algo tan vigoroso y testosterónico como una despedida de soltero, y no es del agrado de nadie que baje de esta manera el nivel de compañerismo bien entendido con situaciones tan tensas como que tu amigo se está limpiando los mondongos dentro de tu campo de visión.

Como llegué el primero, veinte minutos antes que todos los demás, en cuanto vi el percal me duché, me dije, oyes, esto que ya llevo hecho, que luego vete a saber si vienen mal dadas.