En mi afán por conocer la naturaleza humana, llevo una temporadita estudiando los comportamientos de determinados especímenes en reuniones de trabajo. Y por fin, tras arduas investigaciones, he logrado aislar un tipo. Se trata de aquel cuyo volumen al hablar se puede conocer de forma precisa dependiendo de dos parámetros, el tono de la reunión y tu propio volumen.
Cuando el tono de la reunión es distendido, e incluso semiamistoso, y en ella existe una corriente de acuerdo y una predisposición a conseguir cosas, este especimen subirá su volumen cuando tú quieras hablar, de tal manera que seguirá oyéndosele a él por encima de tu voz. La respuesta dinámica de su voz es agilísima, en cuanto alguien quiere meter baza, se produce el cambio de volumen posibilitando de esta manera que continúe el monólogo.
Puesto que el tono es distendido, de esta manera el especimen se asegura de que su opinión vaya a prevalecer (por ser la única escuchada), pero tampoco quiere disuadirte ni desanimarte de participar. Habla, chavalín; otra cosa es que yo permita que se te escuche.
La diferencia entre los dos volúmenes de voz, el del especimen y el del contrario, se mantiene constante.
Otra cuestión es cuando las posturas en la reunión son enfrentadas, cuando se están depurando responsabilidades por algo, o cuando existe una negociación para conseguir una tarea grata o para evitar una tarea ingrata (por ejemplo). En este caso, lo que se mantiene constante es el factor por el que el especimen multiplicará su volumen. Esta constante depende en todo caso de la propia personalidad del sujeto de estudio; habrá quienes hablen el doble de alto que tú. Habrá quienes vociferen incluso hasta el triple.
Si la parte contraria intenta subir el volumen a su vez, es cuando la reunión puede darse por perdida. Como se ve en la gráfica del estudio, los picos de volumen se agudizan en cuanto el valor inicial tiene el atrevimiento de subir por encima de unos límites normales. Incluso, el especimen puede llegar a jugar con la frecuencia de su onda de voz, y subirla hasta tonos agudos. Hay quienes las llevan hasta la zona del espectro radioeléctrico de las microondas; por eso sale uno siempre de esas reuniones bastante calentito.
Cuando eso sucede, yo desisto. Alguna vez me han gritado en una reunión, y me parece una actitud tan lamentable y una falta de autocontrol tan absoluta, que en ese momento he dejado de hablar y de escuchar. Cuando estén tranquilos, que me lo digan. O por escrito, mejor todavía.




Otra técnica de mis reuniones de trabajo con Aitor-menta: …”perdonar un momento ¿dónde tenéis los baños?”… Cuando vuelves a entrar precedido de dos toques en la puerta, las personas físicas reunidas bajan el volumen hasta lo inaudible. Un silencio por mi parte y vuelta a empezar.
Comment by Fran — November 14, 2007 @ 6:20 pm