
Llega la Navidad, y en Logroño ya han colgado los típicos plátanos navideños. (WTF!)
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Llega la Navidad, y en Logroño ya han colgado los típicos plátanos navideños. (WTF!)
Ha fallecido Fernando Fernán Gómez. No voy a entrar a discutir su forma de ser, y no conozco demasiado de su filmografía, pero sé que me gustó bastante su papel de maestro en "La lengua de las mariposas", y desde luego, me emocioné mucho-mucho con su interpretación en "Todo sobre mi madre", en la que tenía un papel muy cortito. Rosa es Penélope Cruz. Hombre es Fernando Fernán Gómez. Sapic es un perro.
Rosa: Sapic, ven aquí. Hola, chiquitín
Hombre: Este perro se va con cualquiera. ¿Tiene usted perro?
Rosa: No, pero me gustan mucho.
Hombre: ¿Qué edad tiene usted?
Rosa: 26 años.
Hombre: ¿Y cuánto mide?
Rosa: 1,68.
(El hombre llama al perro y se marcha)
Rosa: (Para si misma) Adiós, papá.
(No he encontrado el fotograma de la película, si alguien lo localiza y me lo pasa le estaría muy agradecido…)
Hoy hemos comido en un vegetariano. La comida deliciosa, y cocinada con un buen gusto exquisito. Y todos hemos estado de acuerdo en que de postre nos hubiéramos pedido un chuletón.
Nunca metas unas zapatillas de hacer deporte a la secadora.

En mi descargo: No fui yo.

Esta justa petición la tomé este verano en una residencia de ancianos en Barbate. ¿Quién te parece a ti que la escribió? ¿Un señor animoso o una señora anhelante?
En mi afán por conocer la naturaleza humana, llevo una temporadita estudiando los comportamientos de determinados especímenes en reuniones de trabajo. Y por fin, tras arduas investigaciones, he logrado aislar un tipo. Se trata de aquel cuyo volumen al hablar se puede conocer de forma precisa dependiendo de dos parámetros, el tono de la reunión y tu propio volumen.
Cuando el tono de la reunión es distendido, e incluso semiamistoso, y en ella existe una corriente de acuerdo y una predisposición a conseguir cosas, este especimen subirá su volumen cuando tú quieras hablar, de tal manera que seguirá oyéndosele a él por encima de tu voz. La respuesta dinámica de su voz es agilísima, en cuanto alguien quiere meter baza, se produce el cambio de volumen posibilitando de esta manera que continúe el monólogo.
Puesto que el tono es distendido, de esta manera el especimen se asegura de que su opinión vaya a prevalecer (por ser la única escuchada), pero tampoco quiere disuadirte ni desanimarte de participar. Habla, chavalín; otra cosa es que yo permita que se te escuche.
La diferencia entre los dos volúmenes de voz, el del especimen y el del contrario, se mantiene constante.
Otra cuestión es cuando las posturas en la reunión son enfrentadas, cuando se están depurando responsabilidades por algo, o cuando existe una negociación para conseguir una tarea grata o para evitar una tarea ingrata (por ejemplo). En este caso, lo que se mantiene constante es el factor por el que el especimen multiplicará su volumen. Esta constante depende en todo caso de la propia personalidad del sujeto de estudio; habrá quienes hablen el doble de alto que tú. Habrá quienes vociferen incluso hasta el triple.
Si la parte contraria intenta subir el volumen a su vez, es cuando la reunión puede darse por perdida. Como se ve en la gráfica del estudio, los picos de volumen se agudizan en cuanto el valor inicial tiene el atrevimiento de subir por encima de unos límites normales. Incluso, el especimen puede llegar a jugar con la frecuencia de su onda de voz, y subirla hasta tonos agudos. Hay quienes las llevan hasta la zona del espectro radioeléctrico de las microondas; por eso sale uno siempre de esas reuniones bastante calentito.
Cuando eso sucede, yo desisto. Alguna vez me han gritado en una reunión, y me parece una actitud tan lamentable y una falta de autocontrol tan absoluta, que en ese momento he dejado de hablar y de escuchar. Cuando estén tranquilos, que me lo digan. O por escrito, mejor todavía.
El lenguaje evoluciona para adaptarse al tiempo en que vive. Surgen vocablos nuevos constantemente, y la RAE, aparte de limpiar, fijar y dar esplendor, los va incorporando con más o menos agilidad al vocabulario oficial de la lengua. Me encanta empezar mis posts con obviedades.
Pero esto no es bastante, el mecanismo de actualización se nos va quedando pequeño. No porque necesitemos más palabras, o las necesitemos antes, sino porque estamos empezando a tratar al lenguaje de una manera bien distinta a la que se usaba antes. Necesitamos darle nuevos usos al lenguaje. En otro tiempo, la comunicación oral era ágil y rápida, y la comunicación escrita era formal, reflexiva y de tono informativo, neutro. Cuando alguien necesitaba escribir algo, se tomaba su tiempo, mojaba una pluma de ganso en tinta, y cuando estaba bien seguro de lo que quería decir y cómo lo quería decir, lo pasaba al papel de forma indeleble. Las emociones siempre estaban fuera del mensaje, no cabían en el papel, no hacía falta verle la cara al escribiente para interpretar correctamente su texto.
Esto ha cambiado. Escribimos un mail a un compañero para decirle dos frases rápidas sin tener que coger el teléfono, marcar el número… y sobre todo, para que el receptor pueda leerlo cuando tenga un rato, es decir, no necesariamente cuando yo decida y marque su número, sino cuando él decida y abra el correo. Para dar un recado o para tener una nanoconversación, para transmitir una frase inspirada, escribimos un SMS. Y estos mensajes escritos sí que comunican emociones, sí que hace falta conocer entonaciones para entenderlos, en fin, que "vete al guano" se puede decir de muchísimas maneras, y no es lo mismo interpretar que es una u otra.
Para eso salieron los emoticonos. Yo los uso muy a menudo, pero como con remordimientos de conciencia… ¿no habrá una manera algo menos chusca de entonar un mensaje en un texto?. Pues parece ser que sí la hay, aunque no está muy extendida. La más oficial se llama interrobang, algo así como interroclamación. Es el símbolo que encabeza este post, y equivale a una entonación mezcla de pregunta y de sorpresa. Algo así como ¿¡¿¡Pero qué me estás contando?!?!. Forma parte del conjunto de caracteres UTF-8, así que tiene cierta oficialidad, y Microsoft lo incluyó en su tipo de letra wingdings 2.
El resto de propuestas son las de la imagen de aquí abajo. Representan, respectivamente, duda, certeza, aclamación, autoridad, indignación, amor e ironía. Qué pena que en castellano el signo de indignación ya lo tengamos asignado para la exclamación. En otros casos, como el sarcasmo, se está intentando llegar a un consenso.
En fin, que son pocos, y que nadie los usa (los inventó Hervé Bazin en 1966.. ha pasado tiempo y son desconocidos), pero a mi me parecen un intento curioso de hacer evolucionar el lenguaje más allá de la incorporación de nuevos palabros. Cuando pueda (es decir, cuando escriba algo a boli… lo cual sucede bien poco) los usaré.
Vía: Microsiervos | CuatroTipos | Wikipedia