Escribo esto bajo la categoría de funcionarios, porque donde más marcado he visto el fenómeno es, precisamente, en las dependencias de la Administración, y en los personajillos que la pueblan (incluyéndome a mi). Ya me corregiréis vosotros si es algo común a todos los espacios de trabajo; cuando trabajé en la privada no lo observé tanto.

Una persona acaba de tener un ascenso en mi unidad, y en su nuevo status, ahora tiene un despacho para ella sola. ¿Qué ha sido lo primero que ha hecho?. Ponerse a quemar incienso. Porque dice que en su casa siempre lo quema. Nuestra planta es una sala diáfana con muchos puestos (como 25 en un espacio reducido), y unos cuantos despachillos alrededor. Así que claro, toda la planta huele a incienso que mata.

Yo he ido a verla y le he dicho… pero fulanita… ¿Cómo se te ocurre ponerte a quemar incienso?. Y ella me ha respondido, en mi despacho yo puedo hacer lo que me da la gana. Aplastante. Joder, mañana me pongo yo a freir croquetas.

Tratando de dejar a un lado la obvia falta de respeto con los compañeros, me hace gracia la frase, porque no es la primera vez que la oigo. Cuando prohibieron fumar en todas las dependencias de trabajo, hubo uno que dijo, "yo pienso fumar cerrado en mi despacho, si no te gusta el olor, pues no vengas a verme".

Tu despacho, tu despacho… El despacho que ocupas. La zona en la que desempeñas tu trabajo para ofrecer un mejor servicio a quien te paga. Tu despacho es una herramienta de la administración para que alguien (hoy por hoy, tú) haga mejor (o peor, esa es otra discusión) la labor que tiene encomendada.

Déjame la grapadora. Vale, pero me la devuelves enseguida ¿eh? que es mía. Por favor, no metas tus papeles en mi armario. ¿Tus papeles? ¿mi armario?.

Gente que pone enormes fotos de sus gatos en las paredes. O el póster de Peñíscola, excelencia turística. Qué pasa, son sus paredes, ¿no? pondrá lo que quiera. Programas poco relacionados con el trabajo instalados en los ordenadores. Mil ejemplos.

En fin, digo yo que como todo, habrá que balancear entre rodearte de cosas que te hacen sentir bien para estar a gusto en el sitio en el que pasas más tiempo al cabo del día, con un cierto respeto por la estética corporativa, por los compañeros, por sacar adelante la mayor parte de trabajo colectivo, y por recordar siempre que en tu puesto, todas tus acciones tienen que ir encaminadas a hacer mejor tu labor.

¿Qué opináis vosotros? ¿Consideráis vuestro despacho vuestro? ¿Decoráis vuestro espacio de trabajo como vuestra casa? Yo ya sabéis qué es lo que tengo en las paredes… ¡mi pizarrilla!