Sí señor, una gran ruta en la bici. No por el propio esfuerzo, que no ha estado mal, sino por las cosas que me han pasado.
Llevamos toda la semana con tormentas en Madrid. Pero tormentas de verdad, tormentas fuertes, no de esas pequeñitas que hacen que se inunden tímidamente los túneles de la M30. Según 20minutos (valiente fuente), el martes se batió el record de lluvia caída en menos tiempo.
Pero como hoy amaneció bueno, me cogí el coche y me fui a La Pedriza. Gracias a esas tormentas, no había mucha gente; más bien poca. Sólo algunos incondicionales de la montaña. Subí los 975 metros verticales que van desde el aparcamiento hasta el pico de La Nava, gustándome, humillando a ratos, pero con cierta dignidad. En algunos momentos me cayeron unas pocas gotillas, nada importante. Lo importante vino cuando ya estaba arriba, más solo que la una, por supuesto, en medio de un paisaje pelao (está a casi 2000m), y de repente, oigo en mi casco… ¡tic! ¡tic! ¡tictic! ¡tictictactoctic!. Tremenda granizada. Cuando me daba en el cuello, que era la única parte de mi anatomía que quedaba al aire, picaba como un mosquito. A pesar de todo, seguí hasta coronar, y allí me resguardé como pude al lado de un pedazo de roca de los típicos de la Pedriza, comiéndome el plátano y el quesito en mitad de un espectáculo alucinante. Ya véis la foto.
En fin, todo pelao de frío y empapado de agua, decido no subir al Collado de Los Pastores, y tirar hacia el coche directamente, que es todo cuesta abajo. Cuando de pronto doy una curva… y me encuentro en la pista con una manada de Cabras Hispánicas (Capra pyrenaica victoriae). Como diez de ellas, a cuatro metros de mi, corriendo, alejándose, y saltando por los riscos al llegar a la curva. Grandes, fuertes (nada que ver con una cabra doméstica), con sus peazo cuernos. Fíjate si estaban cerca, que me acojoné un poco; como a estas les dé por darse la vuelta, me hacen picadillo.. porque yo cuesta arriba casi que no voy a huir muy deprisa…
Cuando todavía tenía los ojos y el espíritu como platos, doy otra curva… ¡y un corzo!. Este no estaba tan cerca, y era más pequeñito, pero también fue bastante bonito de ver. Aunque nada comparado con el espectacular espectáculo de la manada de cabras, no os podéis imaginar la sensación.
Como dice Juannillo, parecía el anuncio del Megane (genial), en que el conductor pide encontrarse con lo más difícil en la carretera. Me faltó dar otra curva y que estuviera Richard Clayderman y su piano sin controoooool…
En fin, ya el resto, sin más historia, llegar con las manos agarrotadas del frío y del freno en la bajada, y apretarme un café con leche y un pincho de tortilla en el bar del aparcamiento para entrar en calor y desagraviarme un poco el cuerpo. Por cierto, la única foto mía es la del granizo, a ver cuándo inventan una cámara que no haya que sacar de la mochila… que nunca está uno preparado.




A mí también me impacta cuando me cruzo con animalitos. Sobre todo una vez que vi una hermosa serpiente en mitad del camino por donde iba. Yo, que tengo en mucha estima mi cobardía, di media vuelta.
Saludos,
Julen
Comment by Julen — May 27, 2007 @ 8:03 am
jejejeje, cuando he empezado a leer lo del tic, tic, tic en tu casco no he podido evitar descojonarme visualizando el momento pero luego viendo todo lo que te sucedió me has dado un poco de envidia. Ummmm!, qué rico el quesito :-)
Comment by Vero — May 28, 2007 @ 4:08 pm
@Julen: Yo, si me hubiera dado tiempo a pensarlo, probablemente también me hubiera dado media vuelta; eran muchas, grandes, y con tremendos cuernos. Pero no me dio tiempo, se fueron a toda prisa…
@Vero: Que conste que el quesito era de Burgos eh! Todavía más rico que uno del caserío normal! Toda una experiencia tomárselo rodeado por la furia de los elementos :o)
Comment by Ale — June 6, 2007 @ 4:52 pm