Hoy toca castigaros con recuerdos de cuando era chinorri. Se trata del mítico juego del valdeprimi, muy jugado en la Rioja, por lo menos hace unos veinte años. Vete a saber si ahora los chavales siguen jugando, o sólo son capaces de relacionarse unos con otros por Bluetooth (Huy aquí de verdad me ha salido un ramalazo abuelo cebolleta; Esta juventud no tiene valores, blah blah blah)

En fin, el juego se trataba de una versión más jugable del deporte vasco de la pelota mano. Seguramente por la influencia de nuestros vecinos, en todos los colegios había siempre un frontón. Y digo que era una versión porque los rudimentos eran los mismos; te viene la pelota, le das con la mano, con un bote como máximo, y tiene que dar en la pared. Pero las diferencias eran notables, y lo convertían en un juego de guerrilla muy divertido:

  • El juego es individual. Le tiene que dar el que más cerca le pille el bote. Cuando nadie va a por ella, los juicios eran sumarísimos y se resolvían por aclamación; "Era de Ontoria, era de Ontoriaaaaaa". Ontoria, lo dice el respetable, era tuya.
  • Cuando fallas, quedas eliminado. Y los eliminados se ponen en el frontón, de cara a los jugadores no eliminados. Si logras tocar una pelota de las que tiran los que están jugando, queda eliminado el que la hubiera tirado, y tú salías. Y si la cogías con una mano… ¡salen todos los eliminados!. Así que cada vez que le iba a dar un flojainas… ¡todos a saltar!
  • Si cuando vas a darle alguien se pone delante y molesta y le das, este queda eliminado. Lógicamente, esto degeneró en que si cuando le vas a dar ves que tienes a alguien cerca, le puedes tirar a dar, jugándotela; si le das, le eliminas, si no le das, te eliminas tú. Por supuesto, darle en lo blando no puntuaba más, pero tenía una emoción especial.
  • Si le das sin bote se llama piñón, la siguiente la tiene que dar el mismo que dio la anterior. Así que no puedes tirar fácil, porque te la pillarán de piñón seguro.
  • Vete a saber por qué, y como en muchos otros juegos, la primera se perdona. El primero que fallase no quedaba eliminado.
  • En fin, y así se iban eliminando gente, y la masa que iba quedando en la pared con los brazos levantados para pillar la pelota era cada vez mayor. Y el último que quedase sin eliminar, pues había ganado un primi, es decir, tenía una vida y la próxima vez que fallase la gastaba, gritando con voz chillona… Tengo primi, tengo primiiiiii (¡qué nombre más poco digno, por Dios!)