Es uno de los momentos del año en que a uno el tiempo le hace sentir mal. 7:20 de la mañana. Salgo de casa recién amanecido. 12 graditos y hay que caminar unos minutillos hasta la parada del bus. Así que visto mi traje oscuro (porque sí), y mi gabardina ligera. Porque todavía no es 40 de mayo y se agradece. Llego al trabajo, y la mar de bien. Mas a gusto que un arbusto.
Hora de salida. Si toca día funcionaril, a las 15:00, si no toca, pues a las 19:00, pero en ambos casos, misma sensación; voy con mi traje oscuro, mi corbata al cuello, mi gabardinilla… ¡asado de calor!. El sol pega de lleno, y aunque estemos en abril, ya vamos pasando los 20º. Nada de humedad; calorcillo seco y en algunos tramos no hay sombra. La gente, que va mucho más fresca, te mira diciendo, madré este, se ha debido caer de un iglú. Y si encima trabajas en zona turística (como es mi caso, Cibeles / el Prado), los turistas y las turistas van en manga corta y sandalias, con gafas de sol, y sobre todo, con ánimo veraniego. Se apartan para no tocarte porque les das calor.
¡Señores! ¡Que ustedes se han levantado a las 11! ¡Que yo llevo tol día levantando España, un respeto!