Inauguro hoy otra categoría; No paro de inaugurar categorías, postear una vez en ellas, y luego seguir diciendo aleladas. Esta vez prometo ser más constante.

Resulta que una de mis aficiones confesables es el lenguaje; me gusta mucho aprender nuevas palabras, me gusta conocer los matices que diferencian una de otra aparentemente sinónima, y lo que más me gusta es llevarme el premio al más pedante cuando uso la palabra justa en la ocasión exacta. Esto último me ha ganado no pocas enemistades y no pocos calificativos rayando en descalificativos. Ya habéis sufrido esta afición mía cuando os cuento los giros deslenguáticos de otras personas (por cierto tengo un par en la recámara…)

Pues bien, iré coleccionando palabras nuevas, o nuevos significados para palabras viejas, o reglas (iba a decir gramaticales, pero es ceñirse demasiado) que desconocía o que me chocan. Si no te gustan los pedantes, por favor, no leas esta categoría, porque pienso ponerme el gorro.

Después del rollo introductorio, dos palabras que he aprendido recientemente…

Hace unos días escuché la palabra ardite. A mi me sonó a manera original de decir ardid, como si de ahí hubiera evolucionado. Sin embargo, iba muy mal encaminado. La RAE dice que un ardite es 1. Moneda de poco valor que hubo antiguamente en Castilla. Y más interesante, 2. Cosa de muy poco valor o insignificante. Si dices que tal cosa no vale un ardite estás diciendo que no vale un comino.

Y hoy he leído en el periódico que resulta que tengo un vicio muy feo: La onicofagia. Aunque suene raro, en realidad sólo se trata de morderse las uñas. Depende de dónde leas al respecto, señala que el origen puede ser psicológico, por nervios, por imitación cuando eres niño, o incluso patológico. Y sobre todo, queda fatal fatal. Y para las encías, ni te cuento…