Un sitio curioso, este mirador de Luis Rosales. Las dos veces que he estado he llegado en bici desde Cercedilla, y está un par de kilómetros antes de coronar el Puerto de la Fuenfría. Tiene unas vistas tremendas: La Maliciosa, Siete Picos, el Montón de Trigo, la Peña del Águila, la Peñota y la Bola del Mundo delimitan el valle, en el que se puede ver Cercedilla, Los Molinos, el Embalse de Valmayor, el de Navalmedio y el de Navacerrada. En fin, una amplia vista, que sería mucho más impresionante si no estuviera tan modificada por la mano humana; es un gran valle plagado de casitas en plena naturaleza.

Y digo que el mirador es en sí un sitio curioso, porque labradas en la roca están algunas de las poesías de Luis Rosales, a quien está dedicado el paisaje. Incluso, un pequeño buzón excavado en la piedra contiene una caja de cartón forrada de plástico, que en su momento guardaba un libro del poeta, para que quien quisiera pudiera contemplar el valle mientras leía sus poesías. Hoy por hoy, contiene un libro de firmas. Hay un grupo de senderistas que se ocupan de teclear estas firmas, y se pueden leer aquí.

La verdad es que es un gustazo poder sentarse y mirar en la distancia, ya que esa es una capacidad que hemos perdido hoy en día. Las ciudades, con su aprovechadísimo espacio desnaturalizado, hacen que el objeto de nuestra mirada se encuentre siempre cerca, a un máximo de unos doscientos metros. Nuestro campo visual siempre es reducido, y no sentimos la necesidad de descubrir detalles nuevos en lo que vemos; miramos siempre con un objetivo, y casi siempre sin curiosidad. Por eso nos descansa tanto mirar este tipo de paisajes; enfocamos de forma distinta a como lo hacemos cada día.

La primera vez que subí, tuve una tremenda sensación de autosuperación; era la primera vez que cogía la bici para hacer una ruta algo seria. Me costó mucho llegar, tuve que parar muchas veces porque las piernas no me aguantaban, hay cuestas hasta del 14%. Fue un enorme subidón de autoestima; Estaba donde quería estar, y había llegado con mi esfuerzo. Luego el resto de la ruta, aquella vez, acabó como el rosario de la aurora. Esta vez, con bici nueva y piernas nuevas fue una ruta muy agradable. Y sobre todo pude levantar la cabeza y mirar a mi alrededor en vez de simplemente sufrir. El Juannillo y yo, que estamos hechos unos jabatos.

La foto es del mirador, y os copio la poesía que se puede leer en la placa; yo no soy mucho de poesía, pero no está mal de vez en cuando para escapar del pragmatismo.

Bajo el limpio esplendor de la mañana
en tu adorado asombro estremecido
busco los juncos del abril perdido;
nieve herida eras tú, nieve temprana


tu enamorada soledad humana,
y ahora, Señor, que por la nieve herido
con la risa en el labio me has vencido,
bien sé que la tristeza no es cristiana.

¿No era la voz del trigo mi locura?
Ya estoy solo, Señor -nieve en la cumbre-,
nieve aromada en el temblor de verte,

hombre de llanto y de tiniebla oscura,
que busca en el dolor la mansedumbre,
y esta locura exacta de la muerte.